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El sol arrastra con sus finos rayos un mar de luz que entra por la ventana golpeando como si se tratase de una tormenta que azota con fuertes olas.
Mis manos firmes se aferran a tu cintura desnuda que yace dormida bajo las sábanas, el sol es el pecado y el verdugo la mañana, tu espalda es carretera y mis dedos tu posada. La luz se vuelve humo que parte en dos cada blanca persiana. La luz queda quebrada y llega con ella el aullido de la mañana.
Alarido traicionero, quejido que borda de amarillo al viento y cae en las pestañas. Hace gala de su sol, ensordece a mi noche, a mis pálidas y empañadas madrugadas.Hace al viento prisionero, al polvo la premura, la altura de la luna ya no puede ser mejor.
No quiero un mar de luz, prefiero mil doscientas veces vivir sin alboradas, más de mil muertes en el profundo y negro mar de tus cabellos que acarician con sus sueños la playa de mi almohada.
Mis verbos y tus verbos aprendiendo a conjugarse, con las manos agarradas, vueltas locas, tragando las palabras como luz absorbe el firmamento cuando el ocaso llega al punto más intenso, como miradas haciéndose el amor en el orgasmo de este cuento.
Tu pecho es la razón y mi boca tu pretexto, tu pecho es guerra y paz contra mi pecho, es la casa de tu corazón y el mío es un tambor que se sale de mi cuerpo. La noche es el verbo de abril y me muero por arrancarle las piernas para matar la carrera eterna hacia su inevitable fin, mi noche es vida y muerte entre tus piernas, mi vida es un teatro febril, mi vida es la pauta, mi vida es la muerte sin ti. Tu brazos son la corriente que detiene mi tiempo, de tus mares ardientes mis brazos son velero, pescador de tus deseos proscritos, si este fuego quedara marchito seré por siempre vapor de tus incendios.
Serás también mi puerta entreabierta, candado en mi razón, la locura más intensa, epopeya en mi colchón, huracán de mis abismos, mar abierto, piel de dios, sangre que alimenta el pensamiento, este mundo queda tuerto si se viera un día sin tu voz. No quiero gotas de lluvia en la ventana, y me planteo replantearme la idea de un mundo mejor, que no existe sin tu cuerpo, que se marchita si no ardo en tu farol.
No quiero verso intrépido ni mutaciones de opinión que llegan con el alba, no quiero amanecer sin luz, ni luz en las persianas, no quiero puertas cerradas, no quiero ausencia, quiero voz, no quiero calma. Amor mío, quiero guerra, locura, palabras obscenas en la espalda, quiero tu boca bien abierta, como el altar que ocultan tus piernas, como la flor por la mañana, como noche cobarde ocultando las miradas, si no me queda más que querer la nada, quiero al amor de amar amores, y con el sol de la mañana, quiero tu cuerpo, desnudo, todo sobre mi cama.
Ricardo Carrera - Septiembre 2008
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